Formentera vuelve a colocarse en el centro de uno de los festivales más singulares del calendario musical con SON Estrella Galicia Posidonia, que celebra su décimo aniversario con una edición especial. La propuesta combina música, gastronomía, cultura cervecera y una relación muy cuidada con la isla, en un formato íntimo que huye de las grandes masas y busca otra manera de vivir un festival.
Del 2 al 4 de octubre, la cita reúne conciertos, rutas y actividades pensadas para mirar Formentera desde otro ángulo. No se trata solo de escuchar bandas en directo, sino de recorrer la isla, probar su cocina y entrar en contacto con un proyecto que ha hecho del impacto positivo una parte central de su identidad.
Ese enfoque explica por qué el festival ha ido ganando un lugar propio. Su cartel se mantiene en secreto hasta el arranque, algo poco habitual en este tipo de propuestas, y el acceso está limitado a 350 asistentes, lo que refuerza la cercanía entre público, artistas y territorio. ¿Qué gana quien se acerca hasta allí? Una experiencia compacta, muy ligada al paisaje y a la vida local, donde cada pieza del programa parece pensada para sumar a la misma idea.

Un festival que mira a Formentera de otra manera
Durante estos diez años, SON Estrella Galicia Posidonia ha construido un modelo que se aparta de las fórmulas convencionales. La música funciona como eje, pero no va sola: alrededor aparecen la gastronomía local, la cultura de cerveza, el conocimiento del entorno y una preocupación real por el impacto ambiental. Esa combinación lo ha convertido en una cita muy reconocible dentro del circuito musical.
La relación con la isla no se limita a usarla como escenario. Formentera es la auténtica protagonista y el festival la recorre con conciertos, paseos guiados y actividades que buscan poner en valor su patrimonio natural y humano. En sus nueve primeras ediciones, el proyecto ha sumado más de 30 rutas por tierra y mar, ha contado con más de 50 expertos locales y ha colaborado con más de 140 empresas y agentes del territorio.
También hay una dimensión gastronómica muy marcada. Más de 30 restaurantes y chefs han participado en una propuesta vinculada al producto de proximidad, lo que ayuda a entender el festival como algo más amplio que una sucesión de actuaciones. Aquí el plan es completo, pero sin perder escala ni cercanía, y esa es una de las claves de su atractivo.
Música, sabor y una forma distinta de entender el directo
A lo largo de sus nueve ediciones anteriores, el festival ha reunido a 78 artistas, 83 conciertos y 17 sesiones de DJ, con nombres como The Vaccines, Jorge Drexler, Roosevelt, Baiuca, Maria Arnal i Marcel Bagés, Israel Fernández, Queralt Lahoz, Pongo, Crystal Murray, KABEAUSHÉ o Los Bitchos. Esa trayectoria deja clara una idea: el cartel puede mezclar reconocimiento y descubrimiento sin perder personalidad.
Otro de los rasgos que lo distinguen es su compromiso ambiental. Es el único festival de música del mundo que ha obtenido durante tres años consecutivos la certificación TRUE Zero Waste Platinum y en su última edición alcanzó una tasa de desviación de residuos del 99,3 %. Además, mantiene desde 2021 la condición de evento cero emisiones, trabaja con movilidad compartida y apoya Save Posidonia Project para proteger la posidonia oceánica, una pieza esencial del ecosistema de la isla.
Esa coherencia entre lo que propone y lo que defiende le da peso propio. No se presenta como un simple festival de otoño, sino como una forma de relacionarse con Formentera desde la música, la gastronomía y el respeto por el entorno. En un panorama saturado de formatos parecidos, esa personalidad marca la diferencia y explica por qué sigue despertando interés diez años después.
Lo que deja esta edición especial
La celebración del décimo aniversario no mira solo hacia atrás. También sirve para reafirmar una manera de hacer las cosas que coloca el territorio en el centro y evita convertir la isla en un decorado. El festival sigue apostando por la cercanía, el secreto y la integración con la comunidad local, tres rasgos que lo han hecho reconocible desde el principio.
Quien se acerque a esta edición encontrará una propuesta que mezcla directo, paisaje y cultura con una escala muy contenida. Y eso, en un festival, no es poca cosa: permite escuchar mejor, mirar más despacio y entender por qué Formentera no es aquí un fondo bonito, sino parte del relato.