Restaurantes tailandeses hay muchos, pero no todos se toman la cocina thai con la misma seriedad. En Islas Baleares, agosto pide mesas al aire libre, platos frescos y ese punto de viaje que aparece cuando el picante está bien medido y el arroz llega en su sitio.
Aquí mandan la autenticidad, la variedad y una cocina que no se queda en el Pad Thai de siempre. Hay currys, sopas, salteados, propuestas vegetarianas y locales que trabajan el producto con una idea clara: traer Tailandia a la mesa sin disfrazarla.
Isaan Thai Cuisine
Foto: Isaan Thai Cuisine
Entrar en Isaan Thai Cuisine es encontrarse con un local pensado para que la comida ocupe el centro. El ambiente es cómodo y cuidado, y desde el primer momento se percibe esa voluntad de llevar un trozo de Tailandia a Palma sin excesos ni poses.
Lo que le da peso frente a otros tailandeses de la isla es su apuesta por la cocina tradicional. Aquí trabajan platos auténticos de la gastronomía tailandesa con una especial atención al equilibrio de sabores, algo que define muy bien a esta cocina cuando está bien hecha.
Conviene pedir currys y platos de carne, dos terrenos en los que el restaurante muestra oficio. También tiene una buena variedad para vegetarianos, así que no se queda en una carta cerrada ni en un par de clásicos de paso.
Hay además un detalle que lo sitúa con personalidad propia: fue el primer restaurante tailandés de Palma. Esa continuidad, sostenida con cocina diaria y especialización, explica por qué sigue siendo una referencia para quien busca thai con criterio.
Bon Thai Cala Mayor juega con una idea clara: cocina tailandesa auténtica servida en un entorno amable y fácil de disfrutar. La sala transmite cercanía, y la propuesta se apoya en platos reconocibles, bien presentados y con un punto picante que no se disimula.
Su carta va directa a los antojos que mejor resumen Tailandia para muchos comensales: currys, Pad Thai y especialidades llenas de color y aroma. A eso suma ingredientes frescos y una atención cuidada, dos rasgos que marcan la diferencia cuando se busca un thai que no se quede plano.
Para ir sobre seguro, elige un Kang Ped, un Pad Thai o un Po Pia Puig. Son platos que enseñan bien el rango del restaurante, desde el curry hasta el clásico de fideos y el bocado crujiente.
Además, Bon Thai amplía el plan con su market y con servicio para llevar o a domicilio, algo útil cuando apetece repetir sabores en casa. Esa combinación de mesa, compra y pedido deja claro que aquí la cocina tailandesa se piensa para el día a día, no solo para una visita puntual.
Thai Pan abre la puerta a una versión amplia de la cocina asiática, con la tailandesa bien presente y un ambiente pensado para comer sin prisas. La terraza, las vistas al mar y la música acompañan una carta que mira tanto al almuerzo como a la cena.
Su fuerza está en la variedad de platos y en una cocina hecha en casa que mezcla tradición y cierto cruce de caminos. Aquí aparecen currys rojos y verdes, Pad Thai, papaya salad, Tom Kha, Tom Yam y varias opciones de carne, marisco y noodles que permiten moverse con libertad.
Si quieres ir a tiro hecho, pide el Pad Thai, el red Thai curry o el beef drunken noodles. También merece atención el crispy duck in panang curry, uno de esos platos que dicen mucho del nivel de un sitio cuando el curry sostiene bien la carne.
La carta es amplia sin perder identidad, y eso le permite funcionar tanto para quien busca un thai clásico como para quien prefiere una comida más larga, con postre y copa. En Magaluf, Thai Pan se desmarca precisamente por eso: por no limitarse a una versión mínima de la cocina tailandesa.
Thai Beach Street Food entra por los sentidos antes que por las formas. El local tiene una ubicación muy cómoda junto al paseo, pero lo que sostiene la visita es una cocina que se presenta como auténtica y fresca, sin rodeos decorativos.
Aquí la clave está en el sabor directo. La comida tailandesa llega con intensidad y con ese punto de calle que promete el nombre, apoyándose en platos que buscan fidelidad y un resultado limpio, bien resuelto y lleno de aroma.
Si te apetece algo concreto, conviene dejar espacio para los currys y para los platos que mejor expresan ese registro tailandés más reconocible. El sitio se presta a una comida sencilla en apariencia, pero muy precisa en el fondo.
El trato amable completa la visita y ayuda a que el conjunto funcione con naturalidad. Cuando un thai en la costa consigue que el producto y el sazón hablen por sí solos, el paseo se convierte en una excusa bastante buena para sentarse.
Pinto Thai es de esos restaurantes que sorprenden por la primera impresión y por lo que sale de la cocina. El local es sencillo, pero dentro se nota un ambiente limpio y cuidado, con una sensación muy clara de estar entrando en un sitio que toma en serio su propuesta.
Su mayor mérito es la cocina tailandesa honesta, hecha con mucha atención al detalle. La comida llega con sabor, el personal trabaja con profesionalidad y la experiencia se apoya en una mezcla muy agradecida de cercanía y oficio.
No hace falta complicarse demasiado para acertar: aquí funciona bien la idea de pedir platos que enseñen la mano del restaurante y dejar que el conjunto hable por sí mismo. Cuando un thai huele a Tailandia desde la entrada, el mensaje queda claro.
También tiene algo de refugio para quien busca un tailandés sin artificios en Palma. Pinto Thai no necesita levantar la voz; le basta con servir bien, cuidar el espacio y mantener ese estándar de cocina que hace volver a quien ya lo ha probado.